viernes 6 de junio de 2008

En clase

Amo de un modo abusivo e inquebrantable cuando al dar un examen me toman el tema que mejor estudié o me atrapó su lectura, y escribo hasta que se me forma un pequeño callo en la primera falange del dedo mayor de mi mano derecha por presionar tanto la birome. También amo que se genere debate en algún curso y me sacuda la modorra, y me mueva a participar, tomar partido y defender mi posición. Amo finalmente ir a dar un examen sin haber estudiado y responder a las consignas en base a sentido común, habilidad retórica, elocuencia y vocabulario, y no sólo aprobar sino hacerlo con una nota excelente.

Pero odio con brutalidad primitiva cuando una materia no me motiva desde el principio o cuando el docente baja todo el tiempo una línea política con la que no coincido y no discuto por miedo a comerme un vuelto con las calificaciones. Odio también cuando interrumpen la clase cuatro veces los zánganos pichones de punteros políticos para repartir volantes y detesto ser quince años más viejo que mis compañeras, aunque lo que me queda de carrera lo voy a dar como libre.

2 comentarios:

Cecil dijo...

todo lo relacionado con la educación debería ser odiado

es un sistema perverso

he dicho

Living dead dijo...

No estoy de acuerdo.

El objeto de mis sentimientos más nobles e intensos es un producto acabado y a la vez una proveedora de esa educación que Ud. denosta.

Beso;)