miércoles 18 de junio de 2008

Meteoro

Amo como si de retozar en un harén se tratara cuando engancho la onda verde en una avenida bien asfaltada, venir a 130 por la Panamericana y ver que en sentido contrario el tránsito está atascado y a paso de hombre, comer mientras manejo a pesar de las migas que me quedan en el pecho, ir al mecánico pensando que el auto está a punto de estallar en pedazos y escuchar “Es una boludez. Sólo se quemó un fusible”, encontrar un lugar para estacionar en una zona donde es literalmente imposible hallarlo o llegar a tu auto, subirte, ponerlo en marcha e irte sin darle tiempo al cuidacoches para que te venga a manguear.

Pero odio con impulsos de asesino serial que la calzada esté en excelente estado y por confiado te comas un bache que te estropea el tren delantero, las viejas al volante (indefectibles máquinas de hacer cagadas), que la policía te pare y te des cuenta que te olvidaste los papeles en otro pantalón, hacerte el galán con una chica y decirle “…te llevo. Dónde vivís?..., “...En González Catán…”-Ouch-), los limpiavidrios, los malabaristas y todas sus variantes, los turros que tienen una 4 x 4 que explota y te dejan ciego al encandilarte desde atrás con las luces altas, los motoqueros que arriesgan su vida apareciendo de la nada en contramano y sin luces.

martes 17 de junio de 2008

Fire & ice

Amo hasta la demencia sin retorno los días de verano, caminar sin remera con la una brisa suave pegándome en el torso, dormir destapado, usar solamente ojotas o sandalias, transpirar a chorros, comer liviano, andar desnudo por la casa, las mañanas cálidas en las que aclara bien temprano, ir a la pileta, que las mujeres usen poca ropa y telas livianas o transparentes, leer en algún bar eligiendo las mesas de la vereda, los bermudas y musculosas con la absoluta certeza de ser un grasa impresentable.

Y odio con una furia que escapa a cualquier entendimiento el frío y todas sus variantes, que se me congelen las manos, que la nariz me gotee, que si la frazada se corre un poquito se me entumezcan los hombros, la ropa pesada que una vez que se enfría siempre es insuficiente, la escarcha que cubre la cancha de fútbol el domingo a la mañana, lo difícil que es vestirse de traje y quedar elegante sin cagarte de frío, cuidarte con la comida y darte cuenta que tenés menos calorías en el cuerpo de las que te hacen falta.

viernes 13 de junio de 2008

Más sexo

Amo con furia radioactiva hacer el amor muchas veces con la misma mujer y darme cuenta de que cada vez conozco más su cuerpo y mis acciones son más efectivas porque sé dónde, cuándo, cuánto y cómo presionar. Sentir que mi cuerpo fue hecho a medida de la otra persona, que todo se amolda, que se puede tener sexo con los ojos. Amo descubrir texturas, sabores, temblores, gemidos. Componer música con un cuerpo que yo mismo me encargué de afinar…y suena bien.

Pero odio con intensidad dolorosa la cosa disfuncional, el “por ahí no”, la luz apagada, el manual de instrucciones de una sola página, los pruritos, las reticencias, la timidez exagerada, los complejos, la pacatería, la inacción de quien sólo se deja hacer, la falta de deseo, los relatos de proezas sexuales con parejas anteriores, las comparaciones en las que salgo perdiendo, la tele prendida mientras tanto, que suene el teléfono en el momento menos oportuno, el olor a látex que te queda impregnado por el uso del preservativo.

miércoles 11 de junio de 2008

Tutti frutti

Amo como si se tratase de una prebenda celestial ser dueño de mi tiempo. Dormir hasta que tenga ganas, leer en un bar, mirar vidrieras en un shopping, sentarme frente a la computadora hasta perder la conciencia, tener sexo con amor, escribir bien cuando estoy deprimido y mal cuando me siento feliz, ir al gimnasio, tener sexo sin amor, jugar al fútbol con amigos, competir en cualquiera de sus variantes, perder los frenos inhibitorios al tomar un poco (muy poco) de alcohol, encontrar motivación para hacer cosas postergadas.

Y odio al extremo de preferir una muerte por empalamiento sentirme presionado o invadido, vivir en función de los demás, tener problemas económicos, ponerme viejo y gordo, embriagarme hasta vomitar y dar un espectáculo penoso, que me quieran ganar de guapo, que mi ignorancia y huecos de formación queden en evidencia en un debate, perder cuando compito, ser rechazado por una mujer que me gusta, hacer balances de mi vida y descubrir que en muchos aspectos estoy en rojo, que me falten el respeto, que menoscaben mis ideas.

lunes 9 de junio de 2008

Cuestión de peso

Amo con intensidad demencial comprobar que bajé de peso al notar la ropa holgada y los pómulos marcados, en franca contradicción con los mofletes hinchados de esas fotos sacadas meses atrás. Mi “malla testigo”, prenda que designé para realizar mi test de sobrepeso me calza sin inconvenientes. Hago deportes y no me duelen las articulaciones durante tres días, simplemente porque les saqué una mochila de siete kilos que las hacían sufrir horrorosamente. El espejo me devuelve una imagen estilizada contra la de la vaca preñada que se reflejaba en enero.

Pero odio con repugnancia tenaz darme cuenta de que mis brazos también adelgazan al ritmo del resto de mi cuerpo y que mi volumen que antes generaba respeto por sí mismo, ha menguado hasta convertirse en el de un tipo de contextura media. También odio haberme acostumbrado a contar las calorías, a despreciar comidas bajo argumentos tales como “eso tiene mucha grasa”, “son demasiados hidratos de carbono” o “esas son calorías vacías y sin nutrientes”, comer asado con agua mineral o elegir las galletas de arroz antes que las facturas de hojaldre con dulce de leche.

viernes 6 de junio de 2008

En clase

Amo de un modo abusivo e inquebrantable cuando al dar un examen me toman el tema que mejor estudié o me atrapó su lectura, y escribo hasta que se me forma un pequeño callo en la primera falange del dedo mayor de mi mano derecha por presionar tanto la birome. También amo que se genere debate en algún curso y me sacuda la modorra, y me mueva a participar, tomar partido y defender mi posición. Amo finalmente ir a dar un examen sin haber estudiado y responder a las consignas en base a sentido común, habilidad retórica, elocuencia y vocabulario, y no sólo aprobar sino hacerlo con una nota excelente.

Pero odio con brutalidad primitiva cuando una materia no me motiva desde el principio o cuando el docente baja todo el tiempo una línea política con la que no coincido y no discuto por miedo a comerme un vuelto con las calificaciones. Odio también cuando interrumpen la clase cuatro veces los zánganos pichones de punteros políticos para repartir volantes y detesto ser quince años más viejo que mis compañeras, aunque lo que me queda de carrera lo voy a dar como libre.

jueves 5 de junio de 2008

Sexo, siempre sexo...

Amo como si de dones celestiales se tratara, que al momento del sexo la mujer llegue al orgasmo con facilidad, que le cueste recuperarse, que no pueda hablar y necesite un tiempo para recobrar el aliento. Amo del mismo modo trabajar abnegada y laboriosamente para lograr ese orgasmo femenino que me llena de satisfacción. También amo que ante cualquier propuesta sexual ella se muestre dispuesta y entusiasmada, y es un plus sin parangón que diga “nunca lo hice, pero dale, probemos…” Ah! Me olvidaba: Amo el lubricante.

Pero Odio al punto de sufrir espasmos dolorosos, cuando en la intimidad más absoluta ella rompe el clima diciendo “Y si. Con fulano esta posición funcionaba porque la tenía más grande” o “En una ocasión tuve un orgasmo múltiple. Pero es algo muy raro. No te preocupes”. Asimismo es motivo de mi odio más acérrimo la interposición sistemática de excusas para esquivar la acción sexual, así como eyacular sin que ella tenga su orgasmo. Y por sobre todo: Odio los profilácticos.

miércoles 4 de junio de 2008

Sobre la ducha...

Amo con demencia indómita cuando queda el último resto de dentífrico en el pomo y apretando con precisión y fuerza en el sitio indicado, uno logra sacar hasta 15 dosis más. O cuando descubrís que las toallas están recién cambiadas, esponjosas y con olor al perfume que le ponen en el Laverap. O incluso cuando el desodorante en aerosol parece estar vacío, pero lo sacudís y lográs perfumarte las dos axilas y hasta te queda un resto para lo que queda del cuerpo.

Y odio con visceralidad irracional cuando la pastilla de jabón está tan gastada que queda una lengua de gato que ni siquiera hace espuma e invariablemente se te cae de las manos. O cuando te das cuenta que todos los envases que están a un costado de la ducha son de crema de enjuague, pero ninguno es de champú, y terminás lavándote el pelo con el jaboncito gastado. O cuando algún idiota te abre una canilla en otro lugar de la casa y sufrís quemaduras de tercer grado o un enfriamiento polar que te enferma por la siguiente semana.

martes 3 de junio de 2008

Sobre la música en espacio público...

Amo al extremo del éxtasis más excelso que cuando voy escuchando música por la calle (ya sea en el auto o con el MP3) la música se acople perfectamente con la situación circundante por ritmo, intensidad, letra o todo eso junto, o coincida a medida con un estado de ánimo pasajero, dando la sensación que todo fue editado intencionalmente, como si esa canción fuera el soundtrack de ese momento y creada para ese instante.
Y subís el volumen, y ajustás los bajos…Y todo lo que te rodea te chupa absolutamente un huevo, porque vos estás montado en esa canción a horcajadas y sos Dios por un ratito.

Pero odio al punto de desear amputaciones traumáticas que al parar en un semáforo en el auto de al lado haya un grasa impresentable escuchando cumbia, marcha o latinadas insoportables (Arjona, Shakira…) a un volumen desquiciado y en un equipo que cuesta 10 veces lo que valen los parlantitos base de mi Fiat Uno. Esto se hace extensivo al bala que mueve la cabecita en el subte sintiéndose Cheyenne o canta la canción de turno como si estuviera solo en el mundo. O al que te hace escuchar Los Beatles y te dice “Son unos genios”, mientras vos pensás íntimamente que el genio es el que mató a Lennon antes de que siguiera haciendo la mierda que hacía.