Amo como a los goles de Maradona contra los ingleses ir al supermercado y descubrir que ese día (sin planificarlo) hay un 15 % de descuento sobre el total de la compra. Que haya promotoras varias ofreciendo degustaciones a cuál más rica y yo las coma fingiendo que me interesa la marca. Descubrir que hay colas kilométricas en todas las cajas, pero justo yo engancho una con una sola persona comprando un sachet de leche. Amo comprar el sábado a la noche y dejar el envío a domicilio para el domingo a la mañana, así mi esposa lo recibe y lo ordena mientras yo me voy a jugar al fútbol. Amo intercambiar sonrisitas con la cajera que está buenísima, mientras finjo que mis hijas son mis sobrinas…
Pero odio más que a la hinchada de River tener que llevarme la compra porque el envío está fuera del radio y tener que acarrear bolsas haciendo 80 viajes desde el auto hasta el departamento. Odio encontrar un producto que me encanta a $ 15 y al llegar a la caja descubrir que estaba mal el código de barras y cuesta $ 90. Odio ir a comprar con hambre y gastar un dineral en cosas sabrosas pero efímeras. Que mi esposa gaste un Perú en champúes y cremas, mientras yo elijo fideos “Coto” para ahorrar 15 centavos por paquete. Odio que luego de una larga fila, justo el que está delante de mí tenga problemas con su medio de pago o un producto sin precio y tarde una eternidad en solucionar su problema mientras las demás cajas avanzan sobre rieles…
martes 22 de julio de 2008
miércoles 16 de julio de 2008
A dormir
Amo con fruición celestial dormir boca abajo, con la almohada bajo mi cuerpo, con una pierna por sobre ella y la cabeza sobre mi brazo. Hacerme el dormido e ir acercándome a la “cucharita” como quien no quiere la cosa. Amo despertarme en medio de la noche y darme cuenta de que aún faltan dos horas para el momento de levantarme. Amo sentir cómo me late literalmente todo el cuerpo en situaciones de cansancio extremo, al relajarme en la cama. Amo esos sueños agradables que provocan ganas de dormirse de nuevo para que continúen y en ocasiones eso sucede, redondeando una situación muy dulce. Amo olvidarme de desprogramar el celular y que suene a las 7 un sábado. Apagarlo, y seguir durmiendo.
Pero odio con lógica incomprensible tener la nariz tapada por el resfrío o un dolor de garganta que no te deja tragar saliva y te hace despertar a cada rato. Odio que mi compañera de cama duerma con las rodillas para mi lado y me las clave en la espalda.
Odio que me deje caliente y sin sexo, acelerado, y escuchar sus ronquidos a los 2 minutos mientras yo estoy rígido como una puerta. Odio tener que levantarme a orinar en las noches de invierno y pisar descalzo la cerámica del baño. Odio dormir con la ventana abierta por donde entra frío o con la persiana separada, permitiendo entrar la luz. Odio cuando en algún departamento vecino entran en obra con ruido de taladro o martillazos
Pero odio con lógica incomprensible tener la nariz tapada por el resfrío o un dolor de garganta que no te deja tragar saliva y te hace despertar a cada rato. Odio que mi compañera de cama duerma con las rodillas para mi lado y me las clave en la espalda.
Odio que me deje caliente y sin sexo, acelerado, y escuchar sus ronquidos a los 2 minutos mientras yo estoy rígido como una puerta. Odio tener que levantarme a orinar en las noches de invierno y pisar descalzo la cerámica del baño. Odio dormir con la ventana abierta por donde entra frío o con la persiana separada, permitiendo entrar la luz. Odio cuando en algún departamento vecino entran en obra con ruido de taladro o martillazos
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