Amo con romanticismo indómito hacer zapping desde la cama sin quedarme más de una fracción de segundo en cada canal (excepto Hallmark y Europa Europa, que los paso de largo directamente), dormirme a la noche con el reflejo azul del televisor sin imagen hasta el “clack” del apagado automático, amo mis viejos televisores de tubo, a los que soy fiel sin resignarme a invertir varios miles en un plasma o LCD para ver la misma basura que veo en el otro, amo algunas series americanas de los 90, como Friends, Seinfeld o Everybody loves Raymond, amo mirar Venus sin el decodificador, escuchando gemidos distorsionados y viendo alguna teta entre rayas indefinidas. Por último amo ir a comer a algún restaurante acompañado, y sentarme estratégicamente frente a algún televisor en el que estén pasando un partido de fútbol, de modo que pueda seguir las alternativas aparentando estar atento a la charla.
Y Odio con desencanto torturante que a pesar de pagar el abono del cable, tenga que pagar aparte para todo lo interesante, además de soportar publicidad en la mayoría de los canales de películas, que el televisor del living sea monopolizado por mis hijas manteniendo la sintonía clavada en Disney Channel, odio los canales de aire, excepto honrosas excepciones (TVR, Fútbol de Primera y no se me ocurre nada más), odio las versiones nacionales de series americanas, la ficción nacional costumbrista, Tinelli y los programas de chimentos, detesto esas películas eróticas de The Film Zone donde pretenden mostrar todo sin mostrar nada, odio que suban el volumen durante las tandas ocasionándote sobresaltos atroces, los comerciales de “Llame ya” que venden porquerías impresentables a precio de oro, no soporto los canales deportivos que te pasan los partidos de los domingos enfocando todo el tiempo a la tribuna y te obliga a seguir las instancias del juego como si fuera una radio de mala calidad.
Y Odio con desencanto torturante que a pesar de pagar el abono del cable, tenga que pagar aparte para todo lo interesante, además de soportar publicidad en la mayoría de los canales de películas, que el televisor del living sea monopolizado por mis hijas manteniendo la sintonía clavada en Disney Channel, odio los canales de aire, excepto honrosas excepciones (TVR, Fútbol de Primera y no se me ocurre nada más), odio las versiones nacionales de series americanas, la ficción nacional costumbrista, Tinelli y los programas de chimentos, detesto esas películas eróticas de The Film Zone donde pretenden mostrar todo sin mostrar nada, odio que suban el volumen durante las tandas ocasionándote sobresaltos atroces, los comerciales de “Llame ya” que venden porquerías impresentables a precio de oro, no soporto los canales deportivos que te pasan los partidos de los domingos enfocando todo el tiempo a la tribuna y te obliga a seguir las instancias del juego como si fuera una radio de mala calidad.
