Amo con tanto ímpetu que me tiemblan los labios leer en la pantallita del celular el nombre de la persona que espero, con un SMS o un llamado, amo jugar a los jueguitos del teléfono en el baño o hacerlo cuando el subte está repleto y apenas queda lugar para mover el pulgar, amo mandar mensajes con correcta puntuación y ortografía, incluyendo tildes, mayúsculas y comas (Sólo admito omitir el “¿” inicial), amo esa función de alarma que suena sola cada 5 minutos y permite remolonear un ratito más, amo los teléfonos con las funciones básicas, pero que estas sean justo las que necesito, amo que si se cae al piso y que al levantarlo esté intacto –lo mismo si se cae al inodoro o en el agua podrida de la calle-, que el ring tone sea un timbre común y estridente como los viejos de ENTEL y no cancioncitas, voces o chistes como el de la llama que llama, que pierden la gracia a la segunda vez, amo cargar nombres de chicas con pseudónimos masculinos (“María” es “Pedro” para quien chequee mi agenda), amo que la luz de la pantallita sea lo suficientemente fuerte como para ser utilizada como linterna y por último, amo que si lo pierdo me llamen y me digan “...yo encontré tu celu...” y no que lo vendan en Libertad por 40 pesos, amo que me provean el celular en el trabajo y pueda usarlo también por temas particulares…
Pero odio con un fuego que me sube por los intestinos el idioma SMS, con su mal uso de las “k”, “q” e inexistencia de comas, odio a los teléfono-adictos que se saben de memoria las marcas, modelos y precios de todos los celulares del mercado, odio a los que se enojan si tenés el celular apagado (Cómo se juega al fútbol, se hace spinning o se tiene sexo con el celular encima?), odio los celulares con cámara, MP3, ducha, hidromasaje y cama de dos plazas (ES UN TELEFONOOOO, CARAJO!!!!), odio que mi celular se transforme en una bola de hierro en el tobillo bajo la cláusula “disponibilidad full time”, odio cargar nombres y números en la agenda, tanto como odio los SMS de publicidad o los chistes en cadena, un equivalente de los mail power point , odio a las personas con las que no se puede mantener una conversación cara a cara de quince segundos sin que le suene el celular tres veces, igual que a aquellas que andan con cuatro aparatos en la cintura como Batman, odio los calcos, carcazas, audífonos u otros accesorios para tunear el teléfono, odio a quienes defienden los celulares como si de agua potable se tratara, olvidándose que hasta 1990 había vida en el planeta sin estos adminículos del demonio y finalmente, odio a aquellos que te catalogan por el celular que tenés como si no fuera una herramienta sino un símbolo de status como un reloj o una alhaja…
Pero odio con un fuego que me sube por los intestinos el idioma SMS, con su mal uso de las “k”, “q” e inexistencia de comas, odio a los teléfono-adictos que se saben de memoria las marcas, modelos y precios de todos los celulares del mercado, odio a los que se enojan si tenés el celular apagado (Cómo se juega al fútbol, se hace spinning o se tiene sexo con el celular encima?), odio los celulares con cámara, MP3, ducha, hidromasaje y cama de dos plazas (ES UN TELEFONOOOO, CARAJO!!!!), odio que mi celular se transforme en una bola de hierro en el tobillo bajo la cláusula “disponibilidad full time”, odio cargar nombres y números en la agenda, tanto como odio los SMS de publicidad o los chistes en cadena, un equivalente de los mail power point , odio a las personas con las que no se puede mantener una conversación cara a cara de quince segundos sin que le suene el celular tres veces, igual que a aquellas que andan con cuatro aparatos en la cintura como Batman, odio los calcos, carcazas, audífonos u otros accesorios para tunear el teléfono, odio a quienes defienden los celulares como si de agua potable se tratara, olvidándose que hasta 1990 había vida en el planeta sin estos adminículos del demonio y finalmente, odio a aquellos que te catalogan por el celular que tenés como si no fuera una herramienta sino un símbolo de status como un reloj o una alhaja…
