miércoles 31 de diciembre de 2008

En lo personal, es claro...

Amo con tanto ímpetu que me tiemblan los labios leer en la pantallita del celular el nombre de la persona que espero, con un SMS o un llamado, amo jugar a los jueguitos del teléfono en el baño o hacerlo cuando el subte está repleto y apenas queda lugar para mover el pulgar, amo mandar mensajes con correcta puntuación y ortografía, incluyendo tildes, mayúsculas y comas (Sólo admito omitir el “¿” inicial), amo esa función de alarma que suena sola cada 5 minutos y permite remolonear un ratito más, amo los teléfonos con las funciones básicas, pero que estas sean justo las que necesito, amo que si se cae al piso y que al levantarlo esté intacto –lo mismo si se cae al inodoro o en el agua podrida de la calle-, que el ring tone sea un timbre común y estridente como los viejos de ENTEL y no cancioncitas, voces o chistes como el de la llama que llama, que pierden la gracia a la segunda vez, amo cargar nombres de chicas con pseudónimos masculinos (“María” es “Pedro” para quien chequee mi agenda), amo que la luz de la pantallita sea lo suficientemente fuerte como para ser utilizada como linterna y por último, amo que si lo pierdo me llamen y me digan “...yo encontré tu celu...” y no que lo vendan en Libertad por 40 pesos, amo que me provean el celular en el trabajo y pueda usarlo también por temas particulares…

Pero odio con un fuego que me sube por los intestinos el idioma SMS, con su mal uso de las “k”, “q” e inexistencia de comas, odio a los teléfono-adictos que se saben de memoria las marcas, modelos y precios de todos los celulares del mercado, odio a los que se enojan si tenés el celular apagado (Cómo se juega al fútbol, se hace spinning o se tiene sexo con el celular encima?), odio los celulares con cámara, MP3, ducha, hidromasaje y cama de dos plazas (ES UN TELEFONOOOO, CARAJO!!!!), odio que mi celular se transforme en una bola de hierro en el tobillo bajo la cláusula “disponibilidad full time”, odio cargar nombres y números en la agenda, tanto como odio los SMS de publicidad o los chistes en cadena, un equivalente de los mail power point , odio a las personas con las que no se puede mantener una conversación cara a cara de quince segundos sin que le suene el celular tres veces, igual que a aquellas que andan con cuatro aparatos en la cintura como Batman, odio los calcos, carcazas, audífonos u otros accesorios para tunear el teléfono, odio a quienes defienden los celulares como si de agua potable se tratara, olvidándose que hasta 1990 había vida en el planeta sin estos adminículos del demonio y finalmente, odio a aquellos que te catalogan por el celular que tenés como si no fuera una herramienta sino un símbolo de status como un reloj o una alhaja…

sábado 27 de diciembre de 2008

Vísteme despacio...

Amo con obsesión vergonzante la ropa cómoda, vestirme con bermudas, remeras sin mangas y de cuello redondo y ojotas o sandalias; amo en invierno que la campera que me ponga tenga peso propio y abrigue de verdad, amo las camisas bien planchadas (no por mi, por supuesto) y los colores lisos, las prendas “fetiche” que llevan años en el placard y no me decido a tirar, las camisetas de fútbol y los buzos de arquero, amo la ropa que de un modo u otro disimula defectos (algún rollito en la cintura) o realza virtudes (los hombros, los brazos), amo que me regalen ropa y que no sea comprada en La Salada o en Once de compromiso, amo las camisas ligeramente remangadas y con dos botones desprendidos y también cuando uso corbata, hacerlo con el nudo algo flojo y el último botón desprendido. Amo los guantes en invierno y las musculosas en verano, y al que me diga “grasa” le contesto “tenés toda la razón del mundo”…

Pero odio con ardor y compromiso las camisas cuadrillé, los pantalones de tiro bajo que parecen que te hubieras defecado encima, las gorras y la mayoría de los zapatos, odio pasar horas comprando ropa –yo entro y digo: “Quiero eso en XL…”, y me voy sin probármelo siquiera, odio usar la ropa arrugada pero también odio planchar, lo que me coloca en un dilema de difícil solución, odio que la ropa cuando vuelve del Laverap vuelva con dos talles menos y los colores apagados, odio los boxer de algodón y el concepto extremo de moda, que implica cosas como “los colores que se usan” o “es un modelo de la temporada pasada”, odio la ropa payasesca que requiere una personalidad tal que te haga ignorar las burlas del entorno y ser feliz, odio pasar frío en invierno sólo por estar elegante y odio vestirme de traje, aunque tenga que hacerlo rodos los días y es un hecho que el mundo te mira de otra manera.